La aventura comienza cuando me animo a ser todo lo que soy
La frase completa quedaría así:
La verdadera aventura
comienza cuando
me animo a entrar
en todo lo que soy.
La reemplazaría por estas palabras porque, honestamente, me cansé de intentar ser una sola cosa.
De ser esto o aquello.
De acuerdo con mi recorrido, perfil —o, como a mí me gusta llamar a este tipo de cosas, según mi esencia—, esto no tiene chance.
Todas las veces que intenté ser ese algo “único” que el exterior o el sistema reconoce como válido, el resultado fue agotamiento y frustración.
La primera señal de una larga lista de avisos que la vida me dio la tuve a los 17 años, cuando me presenté en Ciudad Universitaria, en la UBA, precisamente en el Pabellón III. Era el último día que podía inscribirme al CBC según mi apellido y llegué sin saber a qué carrera anotarme.
Por suerte, la señora de la ventanilla me ofreció hacer un test de orientación vocacional exprés.
El resultado fue una inclinación muy pareja entre las áreas de Ciencias Sociales y Diseño y Comunicación.
Quizás esa fue la primera vez que alguien me mostró, en forma de resultado, algo que yo todavía no sabía cómo nombrar: no había una única dirección ni una única forma de ser.
Siempre padecí que la multiplicidad se confunda con fragmentación. Padecí el intento fallido de presentarme ante otros como unidad o forma única para evitar largos cuestionamientos y sonrisitas agridulces.
No porque yo tenga un problema con la variedad, sino porque las preguntas ante las que generalmente me enfrentaba tenían que ver con la singularidad y con la certeza de saber quién debe ser uno durante toda su vida. Una certeza completamente incoherente que te piden incluso a los 17 años.
(Spoiler: 27 años después, mi formación académica y algunas de mis habilidades más destacadas hasta el momento son: Profesional de Recursos Humanos, Fotógrafa, Facilitadora, Creadora de imágenes digitales y artesanales, Docente, Escritora, Especialista en Counselling, Psicología para Inmigrantes y Diseñadora Visual, entre otras. Ciencias Sociales, Diseño y Comunicación, ¡a tope! El test de la señora tenía razón).
Parece que uno solo llega a ser experto cuando atraviesa la vida por un único y recto camino.
Y se descarta, desde el vamos, la posibilidad de que tal vez uno llega a serlo al transitar la vida abriendo puertas, cerrando puertas, abriendo puertas y cerrando puertas, tan solo por el coraje que esto requiere.
Ya sea por sabiduría —ojalá— o por hartazgo.
Pero llega.
Porque uno se anima a salir al bosque.
O, como en mi caso, se anima a ser lo que uno es.
“Sal al bosque, sal enseguida.
Si no sales al bosque, jamás ocurrirá nada
y tu vida no empezará jamás.”



